El murmullo de la tragedia

Siento la libertad suprema de mi propio asesinato en la prisión ilimitada de una transformación superflua.

alotropico, hace algunos años

Hoy estuve ordenando mis cosas; dispuse los muebles de otra manera, agrupé los objetos según su parecido y sus simpatías: todos los tornillos juntos, los libros en los estantes, y una gomita que apareció entre papeles fue a dar en el clavo que puse hace varios años con el fin de que pendieran de él las gomitas, punta que desde entonces estaba desnuda y perplejamente clavada, sin que nadie se fijara jamás en ella, ni yo mismo.

No terminé de ordenar, tarea que acaso muy provisoriamente se acaba. El murmullo de la tragedia saca a las criaturas de su lugar y Aristóteles va detrás, sustituyendo las percepciones por acciones. Así, en la Wikipedia, la honestidad es lo que la honestidad hace. Me gusta la definición, por parecerme prudente, de que "La honestidad es una cualidad humana consistente en comportarse y expresarse con coherencia y sinceridad", sin duda va a serle de utilidad a quien, excedido de objetos, se encuentre desordenado e incapaz de oír el murmullo de la tragedia. Sin embargo, toda definición es deshonesta, por insincera e incoherente. Si seguimos los caminos de las definiciones, pronto van a decirnos que cambiar de opinión a veces es lo más razonable, que atenerse a la razón no siempre es lo justo, que la justicia suele ser falaz.

Poniendo las cosas en su sitio, esto es, inventando sitios para las cosas, usé una cartuchera para guardar las monedas, y la puse en un cajón, junto a la lata de particularidades, que contiene una navaja, unas fotos, aspirinas, papel de fumar, un condón con espermicida, dos botones negros, tabletas anti mosquitos y un encendedor de mecha que no funciona. El orden, lo absurdo: el origen de la tragedia; la vida diaria, lo inevitable. Una manera de hacer las cosas.

Lo que más me llamó la atención al ordenar, fue la cantidad de cosas que tiré; son cosas que había olvidado, que sólo vi para recordar y decidir que puedo volver a olvidarlas, en lo posible para siempre. ¿Cómo escribir si no puedo olvidar cada vez todas las facturas pagas, los envases vacíos, las bolsitas, los dibujos feos que hice, los apuntes para incluir en la próxima cosa que escriba? Elegí honestamente lo que iba a tirar y me deshice de ello definitivamente.

De pronto me doy cuenta de algo y soy capaz de esgrimir una definición. Las personas me resultan siempre un poco faltas de sensatez y sentido de la belleza (la belleza es súbita, concreta, abrasante, y la sensatez la tiene disuelta, como una llanura de fuego tenue). Unos encubren lo que están mostrando con la forma que eligen de mostrarlo, y yo pienso, "no lo encubras o no lo muestres"; otros postergan indefinidamente sus afectos a causa de aquello que los afecta, como la liebre que iluminada de noche quisiera bailar con tantas ganas que permanece inmóvil, "baila", murmuro; otros actúan decididamente y con entusiasmo, dedicando su vitalidad a desarrollar y expandir objetos muertos, ajenos a ellos y a todos nosotros, "ve", les digo. Unos ejemplos van a aclarar el asunto: está el poeta que contrata a un publicista para que le diga a los ríos porqué su poesía es buena, está el que ama de tal forma la vida que no cree que la vida esté nunca a su altura, y está quien hace, el que sabe cómo hacerlo, pero que en lugar de definir qué hacer, se define por lo que hace. Pero esta habitación medio desordenada me está diciendo algo. Ellos son honestos -al decir ellos, me refiero a mí- cuando son afectados.

Para entendernos, propongo una especie de orden que proviene de unos apuntes que encontré entre mis cosas. Hasta ahora, estamos usando tres palabras: la primera son las acciones, aquello que hacen en general las cosas particulares, bajar después de subir, tener fuerza cuando vienen rápido, desbordarse cuando crecen; la segunda son los objetos, es decir, el afecto, el clavo que no hace nada, ni es mirado, pero es de lo primero que hablo, es el centro vacío, la manera particular de lo general -el cero no cero- a partir del cual las acciones empiezan a surgir; la tercera palabra es el murmullo de la tragedia: este texto, y la cuarta es el sujeto que la hace posible, el concepto, el parto.

Las personas, insensatas y afeadas, ostentan a través de sus acciones los objetos que los afectan, me muestran el concepto que los puebla, ¿Sería mucho decir de quien escribió la entrada para "honestidad" en la Wikipedia que es un buen loco? Necesitó ordenarse, y el texto, objeto clavado, quedó feo y sensato. ¿Recuerdan uno de los objetos que inauguraba este blog? La Tabaquería, de Pessoa, ¿Recuerdan la incoherencia, cuán insincero aparece el "Adiós Esteves" al final del poema y, sin embargo, cuán honesto es el sujeto que habla? Una criatura del concepto, junto a cuya palabra se hace imposible el orden y se anulan las acciones, pero que nos hace ver el murmullo de la tragedia, lo concreto en su concreto, la cualidad humana en un punto de fuego belleza.

Hace algunos años, quizás uno solo, alotropico escribió:

Al arrancar de una criatura una parte, ese pedazo no es ya la criatura; oreja, ojo, alma, sólo de ésta última podemos decir que la contiene. En realidad no es así, pero podemos decirlo. El texto que no se deja citar, fragmentar, el que no deja nada de si en la parte que se le arranca, ese es criatura.

6 comentarios:

Octavio dijo...

¡¡Muy bueno!!

Lacónica dijo...

butoh?

alotropico dijo...

El fotógrafo es chino, no japonés. En todo caso, Butoh no parece ser, a juzgar por la expresión un poco gestual del fotografiado. Estoy tan perplejo como todos los que han preguntado: no sé qué está haciendo ni qué sale de su boca, pero la imagen me gusta.

Lacónica dijo...

está inquietante está
eso también me gusta sí


pero hay videos de danza butoh con mucho trabajo del rostro
muy expresivo
aunque de un modo que uno difícilmenmte hubiera imaginado

te rompe un poco la cabeza


qué bueno lo de Alva y los poetas
como Manuel

alotropico dijo...

¿Ves la cámara que filma, a la derecha, la gente mirando? Todos esperan, todos están por hacerse, pero el personaje de la lengua y el cordón, aunque tiene la mirada tan atenta, no parece querer entener, sino más bien acoplar una imagen (lo que está viendo) a su propio cuerpo.

Con lo de Alva y poetas como Manuel, ¿Te referís al último post del Sábado? No sé quién es Alva, pero estamos de acuerdo acerca de Manuel.

Lacónica, tu blog me ha dejado perplejo. ¿No Buhardilla? Tabaquería, ¿Te enamoraste de ese poema? ¿Inaugurás el blog evocándolo? Hermana, qué coincidencia.

Lacónica dijo...

contáme más