Karen Wild, Poesía

emessen


(por título lleva una ficción
que de algún modo parece
vincular con nuestro tiempo)


vesículas cargadas de semen
colgando sobre los ojos
como lagañas
enreda en la visión de esta esquina
sin nada para decirme

o esta ofuscación
a un nivel transitoria a un nivel perenne
como una matrioshka
anquilosada

o cuesta abajo
cómo la calle distiende
y yo
en el vórtice del vómito
con la performance del disimulo

(por vaporizar)
los miembros tras cruzar la puerta
demudarán
en solo y desgarrado grito

oh! si tuviera los marcos o los cuchillos
si pudiese invocar el “yo”
del alter
si lograse abarcar
y trasponer
la metahistoria...!


Chip-tiempo ¡existo!


Estoy
Bajo la cúpula oscura de interrelación luminosa
En forma de redes las estrellas se reagrupan
Y todas son las vecinas de todas
Pero en mi edificio los vecinos no saludan

Estoy aquí, expectante
Alarmas o terminaciones nerviosas
Que me ofrecen la rutina dinámica
Del foráneo, relativamente conocido: el resto
Soy un recorte en sentido ineluctable

Aquí aquí abajo ¡escuchen!
Puedo gritar horas por las manos
Desear que me cubran artesanas y escultoras
Que me escolten ojos serenos y vivaces
Trasuntando el vétice sin equilibrio

Veo flores en la escarcha piso un piso que no es piso
Mientras por el corredor, tachonados y apáticos
Van cuerpos con envases y manuales y mapas

Y soy un tú idéntico a nadie y por eso solo
Siempre hay un motivo para oponerse
Encarno la violación de un principio y entusiasta exijo
Profundizarse

Y a la frustración del límite, quebrado una y otra en hybris
sufrimiento y nostalgia del Todo
-grosería de la producción mediante- tengo un grano:
La ansiedad por la máscara mediática hoy convertida
En mampostería de la presencia…

(pero los muros se quedarán sin blancos)


(humana) belleza


… regarde-moi qui change!
Paul Válery, Le cimetière marin.

por el tajo que me atraviesa asoma
estoy al descubierto
herida por los objetos con aristas
por la materialidad del signo surcada
soy el sentimiento puro
desdobla de par en par persigue
visión completa de cielo
llueve sobre mí ¡que me nutro!
estoy dejando un nuevo hueco
donde otrora la puerta de un edificio
en el ventarrón de los pasillos
al medio de este patio taciturno, desnuda y acurrucada, tiemblo
la sombra o la casa presiona ante mí y soy la fuente
en este patio me eternizo, pondré incluso
mi tumba en los vergeles
¡abriré los cementerios y sobre un árbol
-voz arrastrada por el viento-
cantaré cada poema escrito, cruzaré bailando la noche!


de pactos y no


El pacto repitiéndose cotidiana
el pacto calculado en rutina pasmosa
dinámica individual

la prisión de temor-celo
lugar-seguro hombre-objeto-cuerpo
sujeto-observa-objeto-
tengo temor-celo- ¡Yo!
el pacto es un tejido frágil
hilos descosiendo

un pacto nuevo siempre aviene

los brazos: sueltos d’hilo
suelto y desunido –inerte

la comunidad: un lugar que no conozco
la comunidad del hacer endulzando
al movimiento enloquecido de los órganos
que no armonizan sus funciones con el cuerpo

La comunidad no existe…
yo no soy realista
estos hilos no son mis manos
mis manos están hechas de semillas
de semillas y preguntas


Karen Wild
imagen: Cuarteto Prozac

Los habitantes de la República tienen derecho a ser protegidos en el goce de su vida, honor, libertad, seguridad, trabajo y propiedad

Algo en vez de línea o motor de lo Uruguay

Rafael Barradas


En vez de algo hay partes.
Para una parte la otra está más allá de la línea.
Para la otra, la primera puede estar y no está.

Para una estoy contra la otra.
Para la otra no veo partes ni línea.
Parece que veo en vez de ellas.

Estando algo pasaba y no pasando estaba.
Estando en vez de las partes y las cosas.
Primero hay algo en vez de .

Algo contra .
Algo contra ella.
En vez de línea no hay línea.

Estoy en vez de la línea.
Algo me ve en vez de ella.
Parece estar contra .

Acá está el punto.
Veo el punto ahí.
Estoy en vez de él pero lo veo.

Las cosas no me ven.
Nada me ve.
Todo mira el punto.

Más allá de todo hay partes.
Una parte pasa la línea.
Y no está ahí.

Todo parecía pasar.
Estoy contra eso.
En vez de esto.

pintura: Rafael Barradas
De Pacifico a puerta de Atocha

Lapicera y pastel

Madre

Pecho


Tao e rituale di Superman

superman

Cuando todo el mundo reconoce lo bello como bello, esto en sí mismo es fealdad.
Cuando todo el mundo reconoce lo bueno como bueno, esto en sí mismo es malo.

Tao te king

En una sátira reciente, Superman aparece como un consumidor compulsivo que se burla constantemente de Batman. Inmediatamente se disculpa, pero su disculpa pedante resulta más burlona que la burla misma.

Al final de la película Kill Bill, Bill interpreta la figura de Clark Kent como reproche a la humanidad. De acuerdo con esta lectura, la vida social de Superman, que adopta la identidad de un campesino torpe e inseguro, es un simulacro. Clark Kent encarna la imagen del ridículo, ocupando el lugar de quien procura seguir todas las reglas y a la vez lucha contra la perplejidad de su propio cuerpo. Se muestra animado por impulsos predecibles como el deseo por Luisa Lane y el miedo a su jefe cascarrabias, pero de manera solapada, los sentidos superdesarrollados configuran un amplio paisaje perceptivo. Su cuerpo no solamente está sometido a los fenómenos del ambiente en que se encuentra, sino a sonidos y visiones de muchos kilómetros a la redonda.

No olvidemos que Superman es un forastero originalmente llamado Kal-El, el único sobreviviente del extinto planeta Kriptón. Era un niño cuando llegó a la Tierra, cubierto en su nave por una manta con un símbolo inscrito que después usaría en el traje de Superman. La letra S encerrada en un pentagrama sobre el pecho es el ancestral escudo de su familia kriptoniana, aunque por una ambigua casualidad, en la Tierra corresponde al símbolo del acero.

La historia de Superman fue transformada muchas veces, pero desde su primera aparición se sostiene de manera más o menos explícita que ESTÁ DESTINADO A REFORMAR EL MUNDO. Ahora bien, ¿En virtud de qué desviación el poder decide INVERTIR SU FUERZA TITÁNICA EN CANALES QUE BENEFICIEN A LA ESPECIE HUMANA? Cabe suponer que en la medida que Superman se crió en la Tierra y se ve como un humano, desea lo que los hombres desean. Sin embargo, como es inmortal, debe ser incapaz de desear. ¿Cómo se resuelve la paradoja? Primer conjetura: Superman divisa su propia destrucción en el horizonte, causada por una catástrofe Universal patrocinada por el Lex Luthor o Doomsday (Día del Juicio). Segundo, Clark Kent es el verdadero sujeto deseante y Kal-El es su manifestación obscena y vanidosa. Tercero, Superman no es más que Superman, pero no sabe o no entiende que es inmortal, de manera que se comporta como Clark Kent. Cuarto, a través de sus poderes, Superman concibe el tiempo y el devenir de manera tal que su deseo se vuelve mayor que el sosiego de ser inmortal. Así mismo nosotros, que sabemos que morimos, construimos la realidad en torno a la muerte. Procuramos incorporarla tratándola como parte de la vida; si fracasamos perseguimos la inmortalidad; si fracasamos buscamos un movimiento de variación permanente; si fracasamos buscamos al menos un movimiento constante; y si fracasamos, hacemos lo que podemos. Superman también hace lo que puede, ¿Debemos entender que incluso para un ser infinito la muerte es parte no solo de la vida sino de su propia vida inmortal?

Bruno Díaz debe conservar la imagen de play boy para evitar ser identificado con Batman, pero Superman no espera más amenazas que las actuales; así se vuelve inocente sin buscar la inocencia. El murciélago es un animal ciego que descubre las formas a través de sus propias emisiones, mientras que el kriptoniano puede ver directamente todas las cosas, aún a través de las paredes. Los padres de Batman han sido asesinados, pero él se atiene rigurosamente al imperativo NO MATARÁS, mientras que Superman está en condiciones de enfrentar monstruos apocalípticos cuya destrucción no le causa ningún remordimiento.

La autoridad, sin ser de hecho, es un hecho en si misma. En tanto que viene de un planeta más evolucionado, Superman viene del futuro, del propio futuro de Clark Kent, que a la vez es el pasado de Kal-El. En la medida que se aproxima a los fenómenos de la percepción, habita el caos. En oposición su soledad, el ser eterno, su identidad última carece de existencia.

Cuando le comenté esto a un amigo, me respondió que si lo viera a Superman, le escupiría la cara, impulsivamente, aunque ya lo tuviese pensado. Agregó que ninguna explicación científica puede justificar el mal gusto, el cinturón, la vida pedorra en Metrópolis. Atiné a responder que la actividad social tanto de Superman como de Clark Kent son rituales impostados, síntesis vacías de los sueños de la multitud. "Ojalá cuando lo escupa se enoje - me dijo- y que me parta el cráneo, para que vean cómo es en realidad."

Al despedir a Jaimito, seguí pensando en Superman, en la malla de bandera, en la capa inútil y roja, en Luisa Lane. Después de todo, Superman es un recordatorio constante de su propia mentira y por lo tanto de una farsa mayor, peor y oculta. El que una voluntad sea poderosa significa que su mirada encuentra en las cosas débiles una potencia semejante a la suya. Así como el vuelo de un avión imita el vuelo de un pájaro, Superman los reproduce a ambos; su imagen es el reflejo acumulado de aquellos a los que protege.

Llamé a Jaimito para transmitirle el descubrimiento, pero él me preguntó: "¿Dónde está la resistencia? ¿Dónde está la locura?" Y me cortó. Entonces salí a la azotea y contemplé la ciudad.

Los edificios controlan el paisaje. El cielo no tiene forma. La copa de los árboles es pasto de aves y la gente, en una ventana, en una calle lejana, es presa de perros.

En la medida que Kal-El, Kriptón, kriptonita, no significan nada en la Tierra, sirven para nombrar lo desconocido. Uno empieza a jugar con ello hasta que la forma del juego seduce y asfixia alguna vieja necesidad. En lo sucesivo, dejamos de necesitar, por ejemplo, regresar a Kriptón. Así, la S de Superman no simboliza al acero ni la familia El tanto como es el signo del propio superhéroe. Sin embargo, el mensaje no deja de ser confuso. Como el héroe sigue apareciendo, se genera la demanda de conocer sus intenciones. Si Kal-El sintiera repulsión por la S, aún así no podría cambiarla. Superman ha muerto y resucitado, pero sin perder el escudo en el pecho. Necesita su traje para la gente como la gente necesita a Superman no para si mismos, sino para los demás, para salvar el mundo que constantemente desarrolla el oficio de no ser salvado.

alotropico

Laboratorio de Escritura en Montevideo

10 preceptos paganos

1 – Ten la certeza de que el mundo te lo debe todo, pero de lo poco que te pagará no aceptes nada. Es un vil soborno.

2 – Adquiere la visión todas tus posibilidades, pero no realices ninguna ni te aboques a otra tarea que a la de hacer más nítida esta visión.

3 – Desdobla el amor en odio, el odio en amor, y así con todos los opuestos; hazte perpetua contradicción cada mañana, y goza cada tarde de la suprema distensión de tus músculos: ella será tu confirmación.

4 – Confía sólo en la enemistad de todas las cosas entre sí.

5 – Vuélvete centro de todas las cosas y atrae su enemistad hacia ti. Colapsa ante semejante enemistad cuantas veces te sea necesario para aprender a amarla: sucumbe entonces de amor. La cobardía suprema es negarse a sucumbir. Esto significa necesariamente agonizar toda una vida (tristeza).

6 – Todo debe importarte – a todo debes importarle (ad hoc). Las jerarquías deben ser disueltas, los matices, abolidos.

7 – El arte es una agonía, la filosofía una pusilanimidad suprema que ni siquiera se admite entrar en agonía. Tu lenguaje es el lenguaje franco de la autoridad. Lo tienes todo por perder, no tienes nada por ganar: échate a perder, ¿qué importa quién o qué te gane a su favor o en su contra?

8 – Nada de mezclas, nada de compromisos, cada cosa es pura excepto en sus intenciones, todo sujeto está enfermo de predicado. Tus predicados, en cambio, son infinitos: ellos mismos son sujetos. Así eres uno y eres todos.

9 – Exprésate en todo, háblale a todos - nunca te dirijas la palabra a ti mismo o te pondrás enfermo.

10 – Muérete siempre. Cada día eres un recién nacido.


Sebastián Acosta y Lara

La partuza de la muerte

Andrés Vico

Habría un mundo con una fuente y en ella los transeúntes estarían tirando piedras camino al trabajo, camino al colegio, camino a una reunión familiar. Al llenarse la fuente, se haría una gran expedición, reunión o evento. Los interesados se juntarían a tratar de suicidarse, y aunque algunos lo lograrían, la mayoría se limitaría a simular, con distintos grados de riesgo, dolor y revelación. Habría cuchillos y armas de fuego, alcohol, tabaco y otras drogas, juegos de azar, abortos, peleas y puestos de choclo, máscaras y mucha música, pero también proyección de películas, tranquilos foros de conversación, habitaciones múltiples y simples, serpientes atadas a las columnas y leones sueltos pero castrados. También habría manjares salados y dulces, caníbales y vegetarianos, y habría zonas distintas y zonas entre las zonas y entre ellas zonas, ambiguas y claramente definidas, pero todas accesibles para el que logre llegar. En la puerta habría un gran letrero con el imperativo: CUIDATE. Habría un cura, policías y militares, profesores, oficinistas, trabajadores, ejecutivos de cuenta, empleados de Mac Donal, doctores, filósofos y artistas, comerciantes y artesanos, madres, hermanos, compañeros, amigos, identidades, secretos, métodos, ideas, todos en la puerta, y adentro lleno de muertos, de moribundos, de brotes sicóticos y muchas almohadas, mucho algodón, niebla y agua tibia, y masajes relajantes, pero también mucho relajo. Y al final se juntarían todas las piedras de la fuente y se haría una gran montaña al lado de la fuente, encima de los muertos.

alotropico

ilustración: Andrés Vico

Chanchanal o la virtualidad del gran incesto


El cinismo tiene culpa pues quiere que nos atengamos a los fines de la naturaleza mientras que los valores son reglas de una determinación indirecta de los fines de la naturaleza. Ellos tienen razón al decir que los valores no son más que medios, pero sometidos al tribunal de la razón los valores se convierten en la finalidad del ser razonable.
Los bichos arrimaron al fogón su presencia. Hace rato la mano nos traía hechos bola a mí y a las cosas de al rededor, pero esto venía siendo de mucho antes. Unas chinches chapoteaban en un charco de leche como chanchos, entre que un resplandor lagañoso me hacía sentir que la luna estaba cerquísima. Será posible, cosa más linda, pensaba con la tierra en la espalda. Sea que estaba acostado o que ella, la tierra, se hallaba medio erguida, a manera de penillanura, o en cualquier otro caso, montar no era fácil. El caballo se acomodaba como podía por ser bicho fiel pero yo, cuya fidelidad comenzaba a poner en duda, no paraba de buscar una postura de provecho. En tanto, la nube crecía. Caían hermanos de acá, caían hermanos de allá; de todas partes caían hermanos como en bandada, al fogón. Cada uno traía miel y jengibre de todo remoto para obsequiarnos y nosotros le dabamos a su vez de lo nuestro. Así, como salidos de un mismo huevo, los ríos venían arrastrando el rumor de los que llegaban rato después, arrastrando el ruido del río. El árbol traía la madera y los bichos una mirada penetrante estampada en el semblante sin miramientos. Con más razón, la nube crecía. El alboroto se iba retazeando en espiral, dándo la impresión de un sacacorchos visto de adentro. Por lo tanto, si algo aprendimos de nuestros antepasados, mejor.

Por otra parte, las hojas cayendo en escozor sobre el cuello y lo demás era todo como para seguir atrayendo paisanos, aunque más no sea de vicio. El polvo se reboleaba por los cuatro vientos y a veces más. Era viernes, día en que las carretas antiguas pasan a recoger. Se dice que cuando el sol se escurre por entre los rayos de las ruedas, te agarra una sensación por la que, habiendo una buena causa, matarías a tu madre sin pensarlo dos veces. Por eso estábamos agradecidos; no por matar a la madre sino por no tener una buena causa y poder así disfrutar de la madre, presente ahora bajo la forma de firmamento, bajo la forma de un pueblo unido bajo la forma. Era así de bueno y bueno, así era; las carretas ardiendo en el fogón para regocijo de la nube.

Epa amigo, le dijo un hermano a otro, habrá que jalar las hilachas para tener contento al descocido, si te lo diré yo que vengo de ahí, ¿O no me vas a decir?

Sí, respondió el otro, el que no haya estado que me pregunte.

Sucesivamente, los dos hermanos se adentraron en el fogón; primero uno y después el otro, mientras este último repetía, preguntenmé, y ensanchaba las fauces complacido, mostrándo entre los dientes restos de comida. El día que agarre un chancho, pensaba yo, le doy hasta reventar. Ese fue el día. Le di trote al zaino para que se reviniera y así pude dar caza a la presa. La tomé con una mano detrás de mí y la otra delante de ella y la miré. No hay nada cerdo en este chancho. Nada más es una chinche. ¿Nada más?, pensé, y me la zampé en un bintén.

Había una criatura que hacía mucho que no veía. Al principio la sacaba de algún lado sin saber de dónde, pero mis dudas se disolvieron cuando sus ojos se cerraron. Esos párpados no cambiaron nada en todo este tiempo. La vida la había puesto distinta con el porvenir de antaño, pero la manera de caminar era inconfundible, excepto por una pierna. Llevaba una flor en el ojo y tenía un vestido largo hasta el muñón. Pensé en hablarle, pero para qué si hace mucho que no sé nada de ella. Entonces me dieron más ganas. No le hablé. Ella se paró en seco, miró para el costado y así, con la cabeza torcida, se metió en el fogón y chispeó.

Media hora después, al abordar hacia un lateral, no abandoné el paisaje ni por un átomo. Los prados se encontraban cubiertos de visitantes de, por ejemplo, doquier, que iban todos viniendo. Sobresalientes, algunos de ellos se destacaban de los otros. Su similitud mutua los hacía notoriamente distintos. Sin embargo, los más eran tan iguales a ellos que parecía raro.

Eventualmente, un personaje que no me era indiferente se trepó a una rama sobre el fogón. Miren que bueno, decía, que bueno, y colgaba de pies y manos de tal manera que se le chamuscaran los pelos del culo. Ipso facto, algunos curiosos se aglutinaron a cuchichearlo. El personaje se dirigía a sus propios pies: pisen para arriba, les decía. Ellos obedecían. De golpe, un súbito improviso se vió venir. Una bola caía hasta darse contra el piso. Era el personaje. Jeje. Para caminar están los caminos, decía, los pies deben ser para otra cosa. Alguien que estaba al lado de un chancho gritó. Era el personaje. Para volar no hace falta ir a clases. La concurrencia comenzó a zumbar y muchos se treparon a la rama, que ya estaba rota en el piso. Yo trepé, pero pintó prudencia y me fui a otra parte del árbol. Entonces la sed me distrajo. Tenía que bajar la chinche con algo. Debajo de mí estaba la orilla del río, justa, llena de especies. Un caso interesante era la piel húmeda, ligeramente peluda de un chancho. A la hoguera con él, pensé, y allá fuimos.