Apuntes sobre un libro de literatura

Gabriel Vieira. Montevideo, Yaugurú. 2008. 173 páginas.

De un tiempo a esta parte el énfasis en la escritura por encima de los géneros ha cobrado cierta importancia. Quizás la obra de Jacques Derrida fue uno de los mojones decisivos para que la idea del libro y su escritura primara sobre la de él libro y su género (ya que el género atiende a lo normativo y no tiene la capacidad de mutabilidad de la escritura). La misma obra de Derrida y de otros autores post estructuralistas dan de manifiesto a la escritura como un acto performativo, donde la reflexividad es construida por el lector a partir de los estímulos que el libro propone.

Simultáneamente la figura del autor se precipita al abismo, la literatura goza de controversia, el texto como correlato corporal ya no designa una identidad, el cuerpo no tiene identidad sino flujo.
El espacio de lo taxonómico y su nominación en contraposición a lo innombrable o desterritorializado, hace repensar las categorías visuales y reflexivas. El trabajo de la emoción, ya sin necesidad de apelar a una universalidad del juicio, es una tarea asumida por creadores que revitalizan la sensibilidad, comprometiéndose con un arte cuyo ser está del lado de la corrección estética. Es en este sentido que estas Hojas de China de Gabriel Vieira, actualiza la noción del espacio sin territorio, del cuerpo cuya vitalidad no reside en las funcionalidad de sus órganos sino en la intensidad de su s tejidos.

No es un libro sobre China, yo me asocié a China para hacer un libro de literatura, que a su vez es un libro curioso. China y Grecia son dos pliegues distintos del pensamiento, dos formas de inteligibilidad, escribieron en distintas páginas. (…) El ideal chino del arte es trasmitir la vitalidad, el valor del instante mismo en que creamos. El ideal occidental sería, por otro lado, encarnar la belleza. Yo intenté encarnar la belleza trasmitiendo vitalidad, hacer una síntesis sensible, porque para conocer China hacen falta cien vidas.

Jorge Luis Borges en su ensayo El idioma analítico de John Wilkins ya hacía referencia a China como lugar desterritorializado. Las clasificaciones animales refieren a unidades discretas cuando refieren a Occidente pero se tornan incomensurables cuando refieren a cierta enciclopedia China titulada Emporio celestial de conocimientos benévolos. Posteriormente Michel Foucault utilizó este ensayo para contraponer las utopías a las heterotopías, aquellas cosas que no se pueden pensar. En Hojas de China, el narrador es visitado tres veces por seis demonios que le hablan en mandarín y cuya expresión formal son cursivas estilizadas chinas. El narrador advierte que “no los vamos a recibir con pensamientos, no vamos a capturar los pensamientos que nos surgen a su encuentro”.

En La Comedia, Dante ve compartimentos, castigos, el infierno esta dividido en nueve círculos, el libro en tres partes que se corresponden con los tres estados que atraviesa el alma en su redención, el retorno al padre por parte del uno. La Comedia representa la travesía del cristiano, es decir, del occidental. El viajero oriental, el viajero de estas Hojas de china, ha visto el jardín no para describirlo sino para trasmitirnos que su vida es insondable, y que ese fenómeno es algo común en lugares como éste. El narrador, lejos de ser un testigo ocular de la propia visión de sí mismo (como el dante), es solo una voz que guía y antes de terminar su trayecto se hace humo, no para que lector reflexione sino para que deje de pensar. “Cierra los ojos, el humo tiene forma de dragón.” Entonces, la obra trasciende en la medida que renuncia a su terminación. Como escribe Francois Julien, uno de los teóricos contemporáneos que Gabriel Vieira toma como referencia: “La gran obra evita suceder completamente, y se cumple mejor si renuncia a su terminación, ese es el valor bien conocido del esbozo, donde la obra se deja a sí misma para mantenerse como obra, en lugar de complacerse en sí misma exhibiéndose.”

Estas Hojas, han sido despojadas de la impostura intelectual para de esa forma hacer nacer un relieve sensible, conforman la entrada al jardín de la poesía china. “Por cierto: hermoso sería aquel libro que, al modo del árbol, renovara cada año sus hojas, siendo siempre el mismo; o el mismo libro, solo que su lectura es diferente por la mañana y en primavera que por la tarde y en otoño.” Un recuerdo de este libro recuerda a un poeta chino que por medio de la lectura lograba forjar una unidad emotiva perfecta, entre su alma y la del lector, mayor a la del cuerpo con el cuerpo, mayor a la del cuerpo con el alma. El destino de la literatura no es unívoco, será trabajo de las nuevas generaciones habitar sobre la selva para forjar un jardín, escribir páginas inentendibles para otros ojos que no sean los ojos nuevos del futuro.

Manuel Barrios
La Diaria
Montevideo, 2009

Blog de Hojas de China: http://hojasdechina.blogspot.com/

Chance



Intérprete: Natalia Taborda
Producción / Dirección: Anibal Capoano
Cámara / Edición: Gabriel Bendahan
Asistencia: Ximena Gianeli
Música: McKenzie

Punta del Diablo I












Punta del Diablo II















Fotografías de Alejandro Keller

Instalación de Agustina Staricco

Instalación sin título de Agustina Staricco en Homenaje a la cusilería, sala del MEC, Montevideo, Marzo de 2009.
Fotografías de Alejandro Keller.





Federico Eisner, Bicha

Metaserpentosis, sobre Bicha, por Manuel Barrios.
Publicado originalmente en La Diaria.

Bicha de Federico Eisner Sagües, Ediciones J.C. Sáez Editor, Santiago de Chile, 54 páginas

Bicha presenta tres escenarios homónimos. El centro del relato es la creencia de que el nombre convencional de algo o alguien tiene la posibilidad de cambiar la fortuna del que lo dice. Decir “víbora” o “serpiente” en un escenario teatral puede ser sinónimo de mala suerte, yeta, por tanto los tres capítulos del libro se llaman “escenario”. En el primero los hablantes que allí residen niegan nombrarla aunque siempre hablen de ella, la misma bicha habita este espacio y tampoco dice su nombre, solamente sus atributos. En el segundo la bicha es nombrada: “y es que cuando escribo para ti hablo sobre mí”. El conflicto se agudiza ya que la referencia ahora no es de temor sino de contienda por la irremediable suerte que su reconocimiento puede generar.

La diversidad de nombres para una misma entidad, las catástrofes y dichas que puede heredar aquel elegido o desdichado que lo pronuncie tiene el poder de profundizar la semántica de cualquier texto. Enrique Verastegui en su libro IV Albus- Ética, escribe “quien pronuncie esta palabra XGTPOMLL tendrá protección contra el demonio, y quién la comprenda vencerá sobre él.” Para Verastegui la palabra es la espada, la puerta del adepto al método de la conciencia debida. En Bicha ocurre lo contrario: se huye de una palabra para que un simple animal, una simple víbora, no se transforme en un monstruo. Lo monstruoso es ese territorio ingobernable donde se materializan las maldiciones, conjuros, desventuras y azares, lo monstruoso es la creencia.

Bicha cultiva una mutua necesidad, entre el narrador y su bestia, el uno escribe del otro para huir de su infancia, el otro muestra su severidad, la naturaleza que no rehúye de sí misma. En ese territorio de lo desconocido, donde los efectos del espacio se ignoran, el poeta tiene la posibilidad de matar a la Bicha de su infancia a través de la Bicha textual. Es la intersección entre el poeta y su creatura la relación de posibilidad para dicha construcción simbólica.

La bicha
la maldita
la ortiga
me tiene de los huevos
me trae a los tumbos
como un reflujo a medianoche
arde y quema por dentro
porque es mía y me consuela
nació conmigo o más bien viene
con el paquete intrauterino
de mí creció y se alimentó
me hizo fuerte y pendenciero
vicioso de sus ciclos
me envuelve me estrangula
me aprieta el pecho para soltarme luego
y dejarme correr más adentro(…) una yara vanidosa que baila exótica
con todos mis rostros amados mientras cuelgo
aturdido de los árboles mojados
disca en los teléfonos de su piel
los números de la desesperanza
sigilosa roba mi voz y habla en mi nombre

Federico Eisner Sagüés (Montevideo, 1977). Reside en Santiago desde 1987. Estudió Química en la Universidad de Chile y trabaja en conservación y restauración de patrimonio cultural. Es también bajista eléctrico y ha integrado proyectos como Gavana (1997-2003) y Takatrio (2004-2006). En 2008 dirige un taller en Balmaceda Arte Joven de poesía y rock, y actualmente continua esta fusión en la jam session ImproSesión.
Es autor de la plaquette Pequeño compendio para un amigo (Ediciones del Temple, 1997). Poemas suyos aparecen en 30 Jóvenes Poetas (Universidad de Playa Ancha, 2004), en el disco Poetas-Chile Siglo XXI, Vol. 7 (Rayentru, 2004), y en las revistas Mercado Negro (2002) y Los Nóveles (2004). Es editor de Ediciones del Temple desde el año 2000.

La vieja muerte

Todo este tiempo templado
en una tierna vena

Yendo sobre si el olor
fundía su peso

La descomposición sin gesto propio
perdió el de otros

LA luz que producimos nos consume
LA luz que extraemos nos consume

El reverso del globo ocular nos somete
a retener un tránsito

"A partir la tierra y esconder
caracoles en la caída"

Estuve repartiendo el desierto
como si fuese otro

"La cifra de mi propia edad"
Ahora nada nos une

Está vacía justo antes de encausar
la lejana y dura arista curva

Dirigir lo digerido a distinguirse
detrás de una pared, una esquina, un cubo de aire

Sólo se puede creer
en lo público al ocultarlo