Federico Eisner, Bicha

Metaserpentosis, sobre Bicha, por Manuel Barrios.
Publicado originalmente en La Diaria.

Bicha de Federico Eisner Sagües, Ediciones J.C. Sáez Editor, Santiago de Chile, 54 páginas

Bicha presenta tres escenarios homónimos. El centro del relato es la creencia de que el nombre convencional de algo o alguien tiene la posibilidad de cambiar la fortuna del que lo dice. Decir “víbora” o “serpiente” en un escenario teatral puede ser sinónimo de mala suerte, yeta, por tanto los tres capítulos del libro se llaman “escenario”. En el primero los hablantes que allí residen niegan nombrarla aunque siempre hablen de ella, la misma bicha habita este espacio y tampoco dice su nombre, solamente sus atributos. En el segundo la bicha es nombrada: “y es que cuando escribo para ti hablo sobre mí”. El conflicto se agudiza ya que la referencia ahora no es de temor sino de contienda por la irremediable suerte que su reconocimiento puede generar.

La diversidad de nombres para una misma entidad, las catástrofes y dichas que puede heredar aquel elegido o desdichado que lo pronuncie tiene el poder de profundizar la semántica de cualquier texto. Enrique Verastegui en su libro IV Albus- Ética, escribe “quien pronuncie esta palabra XGTPOMLL tendrá protección contra el demonio, y quién la comprenda vencerá sobre él.” Para Verastegui la palabra es la espada, la puerta del adepto al método de la conciencia debida. En Bicha ocurre lo contrario: se huye de una palabra para que un simple animal, una simple víbora, no se transforme en un monstruo. Lo monstruoso es ese territorio ingobernable donde se materializan las maldiciones, conjuros, desventuras y azares, lo monstruoso es la creencia.

Bicha cultiva una mutua necesidad, entre el narrador y su bestia, el uno escribe del otro para huir de su infancia, el otro muestra su severidad, la naturaleza que no rehúye de sí misma. En ese territorio de lo desconocido, donde los efectos del espacio se ignoran, el poeta tiene la posibilidad de matar a la Bicha de su infancia a través de la Bicha textual. Es la intersección entre el poeta y su creatura la relación de posibilidad para dicha construcción simbólica.

La bicha
la maldita
la ortiga
me tiene de los huevos
me trae a los tumbos
como un reflujo a medianoche
arde y quema por dentro
porque es mía y me consuela
nació conmigo o más bien viene
con el paquete intrauterino
de mí creció y se alimentó
me hizo fuerte y pendenciero
vicioso de sus ciclos
me envuelve me estrangula
me aprieta el pecho para soltarme luego
y dejarme correr más adentro(…) una yara vanidosa que baila exótica
con todos mis rostros amados mientras cuelgo
aturdido de los árboles mojados
disca en los teléfonos de su piel
los números de la desesperanza
sigilosa roba mi voz y habla en mi nombre

Federico Eisner Sagüés (Montevideo, 1977). Reside en Santiago desde 1987. Estudió Química en la Universidad de Chile y trabaja en conservación y restauración de patrimonio cultural. Es también bajista eléctrico y ha integrado proyectos como Gavana (1997-2003) y Takatrio (2004-2006). En 2008 dirige un taller en Balmaceda Arte Joven de poesía y rock, y actualmente continua esta fusión en la jam session ImproSesión.
Es autor de la plaquette Pequeño compendio para un amigo (Ediciones del Temple, 1997). Poemas suyos aparecen en 30 Jóvenes Poetas (Universidad de Playa Ancha, 2004), en el disco Poetas-Chile Siglo XXI, Vol. 7 (Rayentru, 2004), y en las revistas Mercado Negro (2002) y Los Nóveles (2004). Es editor de Ediciones del Temple desde el año 2000.