Poseía esa rara virtud de enlazar con venas otros cuerpos, y comer, a través del mío, la rica pulpa del dolor de los demás corazones... Porque estaba engendrando un cuerpo y me desangraba, desde la nada, hacia él. Era solo anhelo, anhelo puro, del que yo soy la realización, la muerte.

Sebastián Acosta y Lara