Manuel Barrios, Poemas de juventud


Uno

(en el blog Lo que dura este olvido)


Dos


Me acerco a la bodega del ventilador
allí se está mas tibio.
Me da calor de su boca la desintegración del pulmón mirando al cielo.

He tenido que observarles, llegar a la tierra para no bajar,
seguir en el tránsito como un huevo que se rompe y es hervido, no empollado.

Entonces: soy esas luces que titilan pero una erupción las apaga,
el destino de los ómnibus cambiante al momento en que se clarifica.

Mi boda será una tala de árboles masiva,
y si se me rompe un diente saldrá otro,
ningún árbol en pie cuando decida rodar mi tierra.


Tres

Cruzo el río como un llanto partiendo una sala de espera,
mi noble amigo me llama. Te ayudaré.
Volveremos a reírnos viendo justo el pasado.

Él, con su herramienta,
yo con la mía,
hacemos tiempo y nos amamos sin dejarnos de ver.

Siempre estuviste en el medio de mi pecho,
aunque no contaras visitarme en mi socorro.
Yo estaré en el tuyo,
apreciando la armadura y errando.

La máquina de no maquinar
octavo manifiesto


A continuación: la ostentación actual del recuerdo de mí (fragmento).


ceronocero para mí no es mejor que otros blogs; tampoco es diferente. Es distinto.

ceronocero no está, puede ser pero no ocurre, puede ser pero no hace, no puede ser.

ceronocero está en un cuerpo rígido, un movimiento sin vida con regularidades. Ocurre así. Haciendo el post más reciente, traza una recta entre su punto más alto y un espejo, y en una región más allá de su reflejo proyecta su actualidad. Cuando vuelva a publicar, el espejo estará who knows where?. Así se traza la hiper-esfera. Es un desarrollo lineal del infinito esférico.

¿Huiremos del concepto con conceptos? ¿Huiremos del cuerpo con el cuerpo? ¿Acaso escaparemos del amor, con amor? ceronocero rechaza los blogs.

ceronocero no se escribe con mayúscula en los titulares, ni en la firma, ni en el registro civil. Ocurre gris, con los ejemplos previos a la ontología. Sobrevivamos o no, ceronocero nos muere distinto.

ceronocero- Atención: no quiero comunicar nada. Tengo memoria. ¿Hola?

Hay tantos dioses como partículas, conjuntos y partes de ellas; dormimos todos juntos, pero cuando se enciende una luz, el tiempo adquiere ritmo.

La última vez que toqué el tambor, mis manos no me tuvieron en cuenta. Alguien dijo que mis manos no estaban separadas de mi cuerpo, entonces las manos murieron para no matarlo, pero podrían haber hecho lo contrario.

La diferencia entre dos sustancias que subyacen, está en el lugar donde cada una elige saltar, ocurre, es la amplitud del salto, la estela de su trayectoria, pero no la trayectoria, no el salto. Todo elige y salta y es noticia en su trayectoria; nosotros no, somos la diferencia, es como todo, hoy escribo ésta guerra.

Porque ya no podemos ver lo que está pasando, nos adherimos a ello, como el boxeador que abraza a su oponente, y cuánto se obtiene y cómo, cuándo y todavía un poco por qué, pero ya no para qué, ya no qué ni dónde ni mucho menos quién. Me vuelvo más vivo con el tiempo, y extraño cada ignorancia perdida. Cuanto más ignorantes, más nos parecemos, hasta el descanso, siempre el mismo descanso, mi balneario, mi cama, o mamá sola, o muerte. A Artigas conviene cuánto con tan poco y a sus partes, qué pronto.

A éste blog lo imponese pensar que mide siete o quince post y que tiene quince o treinta incubándose en los archivos de cada mes, pero cuando ejerce la libertad de su memoria y no cobra con el suyo otros derechos de piso para poder seguir pagando, puede salir alguna cosa buena: gente colgada en un punto brillante de los sentidos, pero dicho con otras palabras, y la visita de una entidad mayor que el conjunto de nosotros, un razonamiento en dirección a la felicidad, una herida vertical entre los átomos, libertad. A veces está bueno de verdad, pero en lo posible, con otras palabras.

Retomando:

al accionar
pudo estarse
"esperaremos"
un acto
llovió
puso distancia
pudo actuar
fijó principios y fines
y medió
volátil
encontró el no estar ajeno
cabalgando
lloramos
y calentó
sin estar de tan ancho
hubo contracciones
sobró materia
¿Dónde?

Soy la pérdida repentina de discernimiento cubierta por modos de discernir.

Todos los blogs somos melancólicos: ambigüedad, arrebatos, vehemencia, dulces trocitos de humanidad rodeados de gula furiosa y anorexia, pero yo soy todo carnívoro o vegetariano, se trata de un reflejo, el regreso al gris.

¿Se entiende?

Queremos mejorar el gusto.

Soy una capa en la sucesión infinita de lo que se contiene a si mismo, me produzco al reproducirme, mi tiempo es abierto.

cero-no-cero

Una cosa, no la cosa, una cosa, no la cosa...

o bien

ser o no ser o,


el navegante...



Federico Valfré, (Liberación)

Hay un surco entre la rareza y la incomprensión. Por lo que el declive de las circunstancias se dan en un recital a campo abierto sin espectadores. De esa noche resalto el descansar y las migas del gorrito. Que quizás alguien le dijo jorgito pero la verdad es que los roles están intercambiados. Ya nadie puede suponer dónde o cómo vamos a llegar. En esta tierra de junglas y desiertos donde la escasez de agua se vierte en una estación de nafta.



Federico Valfré se inspiró en ceronocero para realizar ésta breve obra, de la que se ha transcripto un fragmento y capturado una imagen. Para descargar toda la obra, click aquí. Por su causa ceronocero se encuentra aún perplejo y asombrado. Federico también es autor de la pieza digital El libro discontinuo.


Femme Fatale

Necios los apaciguadores que no se intentan
las maravillas si no sortean paralelos
entre la muralla y la aureola
entre la esfinge y el clítoris
entre la torre y el seno.

Interno mi panza rastrera
caminando desde mis contornos
reiterando ofrendas
donde incendio lo que no tuve
entonces cada día
la misma familia se arrejilla
y tenemos islitas orbitando
sobre una rambla de fuego.

Los que llegaron a portazos
cocían mi lonja a dedo limpio
ardor ciento por ciento
nunca si un tecito
y por sólo el tecito.
El sacrificio huye corriendo loco.

Sigue flotando pueblerina una carrera ilícita
donde los enigmas son antojos.
Las distancias me hacen tan extensa
porque predicar es traer al presente:
las figuras de hielo y su rejilla
donde se esparce el golpe,
y un bramido forjando su propia convocatoria.
Están igual inertes,
siguen con apuro, sin apuro,
arrancando los rincones de las flores
despidiendo los reclamos de gente que no habrá de irse nunca.
Releyendo notitas rápidas o notas que agarrotan nudos.

Y perderse en la escala de una línea ecuatorial.
Llamarse a uno mismo y quedar plantado.
Desmayarse tímidamente.
Ceder a los saqueos de esa baba invisible.

Manuel Barrios
Hábito

ak, Nada que predecir

Conocí una mujer que tenía el don de ver el futuro. Lo tuvo desde muy pequeña. Sus padres eran artistas de circo, trapecistas, y cuando cumplió 15 años se decidió en asamblea por mayoría de votos (apenas con la abstención del domador de leones y dos osos, más un voto anulado de las pulgas amaestradas) que ya estaba en edad de comenzar a trabajar. En el siguiente pueblo en el que se detuvo la feria, tuvo su primer experiencia como "Zolda la magnífica". La puesta era sencilla y predecible, una carpa verde con líneas amarillas, una pequeña mesa circular con un viejo mantel color borra vino, una bola de cristal polvorienta, un mazo de cartas incompleto (faltaban los ochos, los nueves, e inexplicablemente, también los cuatros y el rey de copas), un pañuelo blanco gastado cubriéndole la cabeza. La gente comenzó a llegar a la feria. Durante horas nadie entró en la carpa de Zolda, que simplemente se aburría. Finalmente lo hizo una mujer de unos 40 años, muy delgada, de apariencia triste. Se sentó y preguntó: "¿algún día seré feliz?". Zolda se puso nerviosa, no supo qué decirle, no supo cómo fingir que consultaba la bola y miraba las cartas. Le dijo que sí, que muy pronto sería inmensamente feliz. La mujer salió de la carpa sonriendo. Quizá fue precisamente el efecto de su radiante sonrisa lo que invitó a los demás visitantes, porque la gente comenzó a frecuentar la carpa a intervalos mucho menores. Con el paso de las horas Zolda se sintió agotada y su don comenzó a perder pie. Podía seguir viendo el futuro, pero ya no controlar la distancia de ese salto y de pronto sólo veía frente a sí torpes bocetos de cadáveres. Fue así que su respuesta pasó a ser siempre la misma: "¿qué importa? usted morirá, usted morirá" respondía a todas las preguntas. Fue la última noche de Zolda la magnífica. De todas formas al mago le hacía falta una asistente.

para Sara

Julio, Día 9

La ventanilla empañada del bus:
solamente la luna.

El asiento de al lado
tampoco está vacío.

Ni siquiera en Buenos Aires
amanece.
Y amanece.


Alejandro Keller
Postales de Sobremesa

De llorar y lo imperdible

I

Sólo un poder único, una sola sangre protegerá a Moscú de sus enemigos.

Sergei Eisenstein, Iván el terrible


Esperamos obtener algún resultado atrayendo al pensamiento la imagen de todos los recuerdos, teniendo presente cada película que se ha visto, cada libro que se ha leído, la síntesis de los momentos de nuestra vida que consideramos especialmente bellos o intensos, pretendemos que en el territorio repleto de nuestra subjetividad podemos movernos libremente, conformándonos en criaturas del caos cuyos actos de expresión son siempre primordiales, es decir, creadores de vida. El mundo nos justifica, occidente niega todo límite y se permite mencionar todas las cosas, incluso la vida, y la vida en cada una de sus formas; quiere probar la vida hasta en sus mínimos detalles, cada combinación, todos los azares, ya que los grandes relatos están hechos, hacer también los ínfimos, los de las sensaciones estomacales durante el desayuno. Ya no se trata de amor, una sustancia que uniera todas las cosas, sino del argumento de cada beso, sus imágenes minuciosas. Lo importante es conservar una buena productividad, generar aquello que se puede desmenuzar fácilmente para volver a aprovechar, parir criaturas que tengan órganos reproductores en cualquier parte que se les separe. Hay que estar desatento para no fijarse en una imagen, se puede escribir un libro de mil páginas con un sólo concepto, o sin concepto en absoluto, pero es necesario que las imágenes cambien continuamente, no como es la vida, sino como en la vida, no como se percibe el transcurrir, sino como se registra la mutación del entorno geométrico. En este contexto, la filmación obtenida durante una jornada con una cámara puesta en el ojo de un colibrí es, por supuesto, muy interesante, ¿Pero estamos dispuestos a mirar todas las horas de la mirada del colibrí, o vamos a mostrar y ver sólo los momentos especiales? Una flor, otra flor, el vuelo, y fin de la función. Lo que el contemporáneo en realidad quiere son esas imágenes leves para incluir en su repertorio nocturno, para completar su puzzle de polvo y no dejar un hueco por el que podría ver el hastío, por el que podría caer a un sitio demasiado cómodo, donde oiría sólo su propio tiempo. Entonces su cuerpo, que está acostumbrado a necesitar pequeños estímulos para despertar las muecas que lo mueven y lo mantienen vivo, quedaría quieto, recuperaría la unidad, se volvería uno para si mismo e incapaz de mezclarse por partes, es decir que moriría para este mundo.

II

Llorar es síntoma de la presencia de un hueco en la geometría, un abismo que se enfrenta con horror y que conduce hacia el mar, donde el agua es excesiva y ningún esfuerzo parcial nos exime de hundirnos. Es inútil agitar los brazos o las piernas cuando se está tan lejos de la orilla, sólo se puede dejar de llorar agotando la energía de cada partícula, y cuando todas dejaron de intentar arrastrar a las demás consigo o separarse del resto, entonces lo que se forma en el conjunto de todas ellas empieza a respirar el agua, y somos un cuerpo flotando para las gaviotas y los peces. Pero yo lloraría aún, para trepar a un fragmento que flota y lanzarme de nuevo al mar.

III

Hay que sentir rechazo por la pérdida injustificada. Un huevo roto antes de tiempo, es una vida perdida. Perdiste con el monopolio de un aspecto, con la vergüenza, perdiste; ¿Es posible el fracaso? Algo va a hacernos justicia a todos alguna vez. Nos miran nuestras caras, nos hablan nuestras voces; ahora no se termina hasta que se acaba.

Cada partícula debe abandonar a las otras en algún momento, para limpiarse en el vacío. La partícula aislada encuentra lo inmutable. Pero con la culpa, por supuesto, perdiste. Tu deber es cometer menos errores. Ellos pondrán el flujo que nuestros padres pusieron a disposición. Sacaremos de nosotros mismos el río en el que fluir.