Femme Fatale

Necios los apaciguadores que no se intentan
las maravillas si no sortean paralelos
entre la muralla y la aureola
entre la esfinge y el clítoris
entre la torre y el seno.

Interno mi panza rastrera
caminando desde mis contornos
reiterando ofrendas
donde incendio lo que no tuve
entonces cada día
la misma familia se arrejilla
y tenemos islitas orbitando
sobre una rambla de fuego.

Los que llegaron a portazos
cocían mi lonja a dedo limpio
ardor ciento por ciento
nunca si un tecito
y por sólo el tecito.
El sacrificio huye corriendo loco.

Sigue flotando pueblerina una carrera ilícita
donde los enigmas son antojos.
Las distancias me hacen tan extensa
porque predicar es traer al presente:
las figuras de hielo y su rejilla
donde se esparce el golpe,
y un bramido forjando su propia convocatoria.
Están igual inertes,
siguen con apuro, sin apuro,
arrancando los rincones de las flores
despidiendo los reclamos de gente que no habrá de irse nunca.
Releyendo notitas rápidas o notas que agarrotan nudos.

Y perderse en la escala de una línea ecuatorial.
Llamarse a uno mismo y quedar plantado.
Desmayarse tímidamente.
Ceder a los saqueos de esa baba invisible.

Manuel Barrios
Hábito

1 comentario: