El puente

Soy un puente entre las gracias y el perdón. Las gracias de poder dar y el perdón de tener que pedir. Un puente que cada una de mis ilusiones debe cruzar. Las palabras son necesarias antes de una conversión. Cuando la conversión está cumplida el mundo entero puede ser el sacerdote que conoce nuestro secreto.Nuestros pecados, purgados en todo humano, nos alzan por sobre nosotros mismos, y excomulgados quedan, en nuestro libro, todos los libros del mundo.

Con nuestras alas nos elevamos al origen de nuestros miedos. Pero desde allá arriba todo es tan idéntico, todo es tan aburrido, que nos arrancamos las alas, y entonces el placer del azar nos pertenece, entonces, en lugar de sentirlo, con nuestra dicha damos miedo… Y llenamos por un instante al mundo de remordimientos antes de golpearnos contra la tierra.

Yo soy un hombre que cuando ha visto a una mujer hermosa, baja la mirada y piensa, y luego levanta los ojos al cielo y habla. Dice: “He pensado que el olvido es como un abrazo. He pensado que ella estaba tomada de la mano de la muerte, y que la respeto porque su belleza sonríe al lado de las cosas más serias. He pensado que una flor carga la tierra en brazos y la convierte en algo liviano que puede ser llevado a todas partes. Y que todo lo que carga en brazos la mujer sin esfuerzo me hace abrir los ojos… y me cuesta luego cerrarlos, pero debo hacerlo y pensar, y mirarte a ti y contarte que en mí tu creación no ha pasado de largo, y que quiero ser un poeta para saber darte las gracias.

Sebastián Acosta y Lara