Ánima: vicio

Debo mantener las palabras fuera del alance de mi angustia, ¡pero mi angustia es tan y hace tanto tiempo letrada! Y mi angustia se para frente a mi reflejo en el cristal… tan soberbia. Mi angustia es las noticias que viejos corajes leves han traído de la batalla, ¿y yo?, ¿yo he visto esa batalla alguna vez con mis propios ojos? Abogo, pues, esta noche, por que se dilaten hasta el colmo mis pupilas y penetre hasta el fondo de mi ser el combate sin encontrar resistencia alguna. ¿Qué derecho tuve en un principio a enfrentarme a mi mismo?, ¿qué me prohíbe ahora amistarme conmigo mismo? No quiero cambiar palabras con mi angustia, ella se enriquece con mis esfuerzos; abogo pues, esta noche, por que se distiendan mis músculos y flaquee el aliento irritado en el núcleo de mi pecho. Llevo dentro de mí luces furibundas que una vez me hicieron enseñar los dientes y una segunda vez me hicieron morderme a mí mismo… Por amar no tuve oportunidad de amarme, ¿tendré una segunda oportunidad? ¿Me dejará mi angustia caminar hasta mis propias piernas y tomarlas implorante entre mis brazos…? ¡Mi reflejo en el espejo no se ha inclinado nunca! Yo recobraré la sangre regada por mi ancestral juventud, fijaré la mirada en el espacio vacío y volveré a fabricar mi cuerpo… Porque toda la materia de mis sueños está en el fondo muerta y todos los que guerrean el mi pecho están en el fondo muertos… Oh, estoy cansado de necesitar razones para vivir, y mi pecho está lleno de razones para vivir. Oh, estoy cansado de necesitar razones para morir y para cada razón de vida en mi pecho hay una razón de no-vida. Vientos que van, vientos que vienen me han arrebatado el horizonte levantando montañas, y al horizonte llamé yo siempre “libertad”. Ríos que van y vienen han ahuecado mi tierra, y a la arcilla bella y compacta llamé yo siempre “libertad”. Sólo mi angustia ha hecho a mi imaginación obrar, su semblante terrible ha movido su cobardía como pincel en el aire. ¡Cuántos derechos se ha arrogado mi angustia, cuántos poderes le han dado! Y cuando vienen a mí, hermanos, vienen a visitar a mi angustia, a mi orgullosa angustia…, pero ya no más, ya no más. Iré a encontrarme con los vientos y los ríos, iré a contemplar los paisajes que quedaron desiertos para construir otros paisajes. Para ello me desnudaré por completo, me quitaré de encima la piel y la carne y los huesos cuyo olor reconoce esta tierra, seré viento donde rige el viento, marea donde la marea rige, conoceré íntimamente las armas que me conocieron íntimamente al lastimarme y romperé las ruedas y apagaré los fuegos de toda esta procesión hasta el fondo de mi ser que no acaba.

Sebastián Acosta y Lara

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