Me habla un niño que empezó a morir

Me habla un niño que empezó a morir,
me habla un amor en un hueco oscuro,
que atesora la luz de sus ojos…
Ya no quiere ver hoy
para poder ver para siempre.
Me habla, y tiene miedo de hablarme
¿Y si yo soy la verdad y el es un sueño
que quiere seguir soñando,
un sueño encerrado en otro sueño?
¿Y si yo soy un leño verde
en que el fuego de sus ojos va a tenderse
como un cuerpo desnudo en la nieve?
Acaso soy yo una forma que ha tomado la oscuridad
para abrirle los ojos ¿Qué sabe él?
Tiene la primera espada de su vida en las manos
y apenas tiene once o doce años.
Me dice que por vez primera vio
que lo seguían sus propias huellas.
Yo, yo ya no recuerdo lo que era sentir
el calor de mi propio cuerpo
mientras miraba mi sombra fría.
Él está enterrado en la huella más profunda
que dejó en el pequeño mundo de sus pasos
¿Qué sé yo?
¿Qué sabemos entre los dos
que no nos mate a los dos de miedo?
Recuerdo, recuerdo que tenía once o doce años
y que dejé caer una larga sombra
de tantos otros, escamados de días,
una sombra que se curvó y retorció
como una serpiente herida;
pero no, no conozco la oscuridad
como ese que fui.
No comprendo la sombra
que en el lienzo del suelo
me habla cada día.
Me habla del sol, eso lo sé,
pero qué triste, qué triste…
El sol me quemó los ojos.


Sebastián Acosta y Lara

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