Discusión agotada (sobre Postales de Sobremesa)



Postales de sobremesa ha continuado un designio invisible, ser leído sin lecturas públicas, ser escrito por un andrógino que niega la discreción del género. Existe una manifestación fotográfica o jurídica, performance y danza, texto escrito y también contado en las zonas más húmedas de la caverna. En esos pequeños rincones Alejandro Keller puede engendrarse a sí mismo, ser escribano, performer, escritor, locutor, o bien un hombre callado haciendo yoga con sus amigos en la playa de Santa Teresa. Su arte está del lado de lo heterogéneo, se visibiliza desde una zona donde la tradición se susurra y pugna contra el anquilosamiento de la novedad.

Ganador del primer premio en el Concurso Literario de la Intendencia Municipal de Montevideo (2007), y nominado a los premios Bartolomé Hidalgo, junto con Senryu o El Árbol de las sílabas, de Alfredo Fressia, y Antología poética, de Álvaro Figueredo, Postales de sobremesa es uno de los libros más interesantes que pueden leerse en la actualidad, y no hablo sólo de Montevideo. Su lectura es una vivificación reflexiva. Libro, poema, verso, palabra, sonido, cada parte es una extremidad móvil y siniestra.

La simplicidad y amabilidad son el tono de un eco. Israel (país donde el poeta vivió su infancia) aparece en las instantáneas familiares como un pasado de porcelana. Los poemas construyen escenas de perfección irreal a través de un falsete que encubre la agonía de no ser real.

La mesa está servida.
Purísima, el agua devuelve restos de fuselaje.
Abuelo dice que pertenecieron a cazas alemanes de la segunda guerra
–dudo que los alemanes volaran en 747–
bombardeando su pueblo
a pleno día, mientras el peluquero grita es necesario
cortar la oreja, no va aguantar en este estado.
Los niños escuchan en la arena.
(¿Cuándo fue el año pasado?)

Lo descriptivo hace avanzar al relato por medio del juicio. Los elementos se presentan y en su especificidad se vivifican. Por eso la impaciencia puede ser un fenómeno plural, las mujeres perseguir paralelas de luz, desayunar la hoja cuatro veces negra y el malogrado ascensor del cielo como un pliegue de lienzo agotado. En esa línea es que su poesía recuerda a la de Jorge Medina Vidal en lo que respecta a cierta retórica de lo lacónico, seducción de un territorio masacrado que ahora se concentra en respirar entre un verso y otro, el diálogo y los vasos comunicantes entre lo ético y su patetismo hacen que el sujeto actúe no en los hechos sino sobre la consumación pretérita de los mismos.

La siesta presagia
Un ovillo en los dedos de la frente.
Desterrada en nuestra baldosa
Ariadna exige rezarse minotauro
o sus inviernos
Aquel signo doméstico fue negado
Deberíamos estar felices. Hace frío.

En palabras del propio Keller:

Postales de sobremesa podría ser un road movie con fondo incierto y mutable, un viaje iniciático en el que primero se asume la extranjería como patria para luego disolver por completo ambas nociones, extender las raíces hasta que abracen toda dirección posible, desautomatizar la percepción, abolir divisiones imaginarias, sentir las infinitas líneas que nos atraviesan a cada instante, nutrirse de todo sin moverse del sitio, y moverse del sitio (...) evocar el pasado y ligarlo a la historia, pedirle cuentas y amarlo, una y otra vez, hasta multiplicarlo en nuestra piel, al fin, volverlo, volvernos, semánticamente plenos y multiformes.
La suma de todas las partes es menos que las partes, en la intersección se encuentran la coherencia y la indecible dicha.

Manuel Barrios
Publicado originalmente en La Diaria

Fotografía de Alejandro Keller

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